El escritor japonés, conocido mundialmente por obras como Tokio Blues, afirma que mantener una rutina estable tanto en lo físico como en lo mental es fundamental para su producción literaria. Sostiene que ese orden cotidiano, hecho de hábitos constantes y disciplina personal, es lo que le permite sostener durante décadas el esfuerzo creativo que exige escribir novelas.

Haruki Murakami, considerado una de las voces más influyentes de la literatura contemporánea, rechaza la idea de fórmulas mágicas para escribir y atribuye su productividad a una disciplina que sostiene desde hace más de tres décadas. Su método, alejado de cualquier imagen romántica del escritor bohemio, se basa en una rutina estricta que combina trabajo constante, ejercicio diario y horarios inamovibles, elementos que para él resultan indispensables para crear de manera sostenida.

En diálogo con The Paris Review, detalló cómo organiza sus días cuando desarrolla una novela: se despierta a las cuatro de la mañana, escribe durante varias horas seguidas y por la tarde realiza actividad física intensa, ya sea correr diez kilómetros o nadar más de un kilómetro. A las nueve de la noche está en cama, manteniendo un ritmo que evita desbordes nocturnos o esperas a la inspiración. Ese orden, afirma, es la verdadera clave de su proceso creativo, muy lejos del caos y los excesos con los que suele asociarse la figura del escritor.

Murakami reconoce que este estilo de vida no siempre fue así. En sus comienzos regentaba un bar de jazz en Tokio, dormía poco y trabajaba de noche. Sin embargo, cuando decidió dedicarse profesionalmente a la escritura comprendió que necesitaba fortaleza física para sostener el esfuerzo mental que exige una novela. Ese cambio lo llevó a incorporar la actividad deportiva como hábito cotidiano, convencido de que cuerpo y mente funcionan como un sistema integrado. Estudios recientes sobre neurogénesis respaldan su intuición: el ejercicio moderado favorece la creación y la conservación de neuronas vinculadas a la memoria y la concentración, elementos esenciales para su labor.

Para el autor, la repetición es una aliada creativa y la rutina, lejos de percibirse como una limitación, funciona como un andamiaje que le permite sostener meses de trabajo sin perder enfoque. Murakami insiste en que su método no es universal ni pretende serlo; simplemente comparte lo que le resultó útil. Cada persona, sostiene, debe descubrir su propia forma de organizarse. Él comenzó a correr por pura intuición, con la curiosidad de ver qué sucedía, y halló un hábito que fortaleció su estabilidad y potenció su imaginación.

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