La histórica señal de televisión dedicada a la emisión de videos musicales acaba de apagarse en casi todo el mundo, marcando el final de una era para la cultura popular. Durante décadas, MTV fue una plataforma clave para el lanzamiento y la consolidación de artistas que luego se convertirían en íconos globales, además de funcionar como una ventana privilegiada a nuevas tendencias musicales, estéticas y narrativas audiovisuales.

Es diciembre y la Ciudad transita ese tiempo suspendido entre Navidad y Año Nuevo, cuando el ritmo se vuelve propio y casi vacío. Muchos ya se fueron y quienes quedan avanzan como pueden, cargando el cansancio del año y el calor que se refleja en el asfalto. Al caer la tarde, después de las ocho, avenidas como Álvarez Thomas se sienten más livianas, con menos tránsito y menos gente, aunque persisten escenas que definen a Buenos Aires: las filas para comer de parado, los rituales barriales y una banda sonora que, desde un auto, transporta la mente a otro tiempo.

Mientras la ciudad sigue su curso, el pensamiento se desplaza a los años noventa y a la pantalla de MTV, ese canal que marcó a generaciones enteras. La señal fue una escuela cultural que enseñó a escuchar, mirar y descubrir música del mundo cuando el acceso no era inmediato. Antes de internet y las plataformas, MTV acercó sonidos, estéticas y relatos que formaron la educación sentimental de millones, y dejó una huella que todavía se activa con una canción, una imagen o un recuerdo compartido.

Desde su nacimiento en 1981, MTV se expandió desde Estados Unidos al resto del planeta y se convirtió en una potencia cultural. Impulsó carreras, amplió públicos y ayudó a derribar barreras en la industria musical, llevando artistas de distintos géneros y países a audiencias globales. Sus premios, ciclos especiales y shows acústicos construyeron una narrativa de la música popular que funcionó como una enciclopedia viva, capaz de explicar influencias, estilos y épocas a través de la pantalla.

A fines de 2025, gran parte de esa MTV dedicada a los videos musicales se apagó definitivamente en numerosos países, desplazada por nuevas formas de consumo on demand. El cierre simboliza el fin de una era, pero no borra su legado: la paciencia de esperar un video, la emoción del descubrimiento y la sensación de pertenecer a un mundo más grande. Por todo eso, más que una despedida, queda un agradecimiento a una señal que amplió horizontes y dejó recuerdos imborrables.

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