El cambio en las rutinas diarias durante los viajes, junto con la alteración de los horarios habituales de descanso y de alimentación, impacta de manera directa en la respiración nocturna. Dormir en ambientes distintos, acostarse más tarde o modificar la postura al dormir puede favorecer la obstrucción parcial de las vías aéreas y potenciar los ronquidos. 

Viajar suele vincularse con la idea de descanso, pero para muchas personas las vacaciones terminan traduciéndose en noches interrumpidas, cansancio acumulado y conflictos en la convivencia. En ese contexto, los ronquidos pueden aparecer por primera vez o intensificarse, dejando de ser una molestia ocasional para convertirse en un problema que afecta tanto la calidad del sueño como la relación de pareja y la salud general.

Durante los viajes se combinan distintos factores que favorecen la inflamación de las vías respiratorias. Uno de los principales es el vuelo: el aire seco de la cabina provoca deshidratación en la mucosa nasal y de la garganta, lo que dificulta el paso del aire durante el descanso nocturno y genera las vibraciones típicas del ronquido. A esto se suman los cambios propios de las vacaciones, como cenas más tardías, mayor ingesta de alcohol, horarios desordenados y menos horas de sueño, condiciones que aumentan el colapso parcial de la vía aérea.

El jet lag también influye de manera significativa, ya que desajusta el ritmo biológico y altera las fases del sueño. Dormir mal o de forma irregular hace que se prolonguen las etapas más profundas, en las que los ronquidos suelen ser más intensos. En vacaciones, cuando la convivencia es constante, el impacto se vuelve más evidente y puede generar irritabilidad, discusiones y desgaste emocional, algo que durante el año suele pasar inadvertido por las rutinas laborales diferentes.

Aunque muchas veces se lo minimiza, el ronquido persistente no debería naturalizarse, ya que en algunos casos puede ser una señal temprana de apnea obstructiva del sueño. Si se presenta con pausas respiratorias, somnolencia diurna, cefaleas matinales o agotamiento extremo, es importante consultar a un especialista. Adoptar medidas simples como hidratarse bien, evitar el alcohol antes de dormir, cenar liviano, descansar de costado y mantener horarios regulares puede ayudar, pero identificar la causa de fondo es clave para mejorar el descanso, la salud y la convivencia incluso después de las vacaciones.

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