Las vacaciones suelen ser un momento muy esperado por toda la familia, ya que implican descanso, tiempo libre y actividades diferentes a las habituales. Sin embargo, la modificación de horarios, la falta de rutinas y el aumento de estímulos pueden desordenar los hábitos de sueño de niños y adolescentes.
Las vacaciones representan un momento distinto del año en el que resulta clave cuidar los hábitos de descanso, adaptándolos a la mayor flexibilidad propia de este período. Mantener cierta regularidad en el sueño ayuda a que niños y adolescentes logren un descanso reparador, aun cuando cambien las rutinas habituales.
Durante este tiempo suelen modificarse los horarios para acostarse y levantarse, se alteran las comidas y aumenta el uso de pantallas, factores que influyen directamente en la calidad del sueño. En los adolescentes, en particular, es común que se acuesten muy tarde, lo que puede impactar tanto en la convivencia familiar como en su salud física y emocional.
Dormir y despertarse a horas variables, alimentarse de manera desordenada —con mayor presencia de productos ultraprocesados— y la exposición prolongada a dispositivos electrónicos pueden desajustar los ritmos biológicos. Estas alteraciones afectan el equilibrio natural del organismo y dificultan un descanso adecuado.
La especialista Sol Segura Matos, integrante de la Unidad de Medicina del Sueño de Fleni, advierte que la falta de sueño puede generar problemas de concentración, cansancio, irritabilidad, cambios de humor e incluso síntomas de ansiedad o tristeza en situaciones más severas. Además, señala que durante las vacaciones es frecuente el retraso de fase del sueño, por lo que recomienda reforzar hábitos de higiene del descanso para preservar el bienestar general.






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