En el marco del Día Mundial de las Legumbres, especialistas destacan la importancia de fomentar su consumo por sus beneficios nutricionales y su aporte a una alimentación saludable, al tiempo que impulsan su valorización industrial como motor de innovación, desarrollo sostenible y generación de valor en la cadena productiva.

Las legumbres como lentejas, garbanzos, porotos y arvejas han acompañado la alimentación humana desde tiempos remotos y hoy recuperan un papel central frente a los desafíos actuales vinculados con la nutrición, la salud y la sostenibilidad. Además de ser accesibles y altamente nutritivas, estos cultivos representan una alternativa integral para abordar problemáticas como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria a nivel global.

Desde el enfoque nutricional, constituyen una fuente destacada de proteínas de origen vegetal, fibra, vitaminas del complejo B y minerales como hierro, zinc y magnesio, junto con compuestos bioactivos de acción antioxidante y antiinflamatoria. Su incorporación habitual en la dieta se relaciona con una menor incidencia de enfermedades crónicas, y al combinarse con cereales integrales ofrecen un perfil completo de aminoácidos esenciales, lo que las vuelve especialmente valiosas en patrones alimentarios flexitarianos, vegetarianos y veganos.

También sobresalen por su impacto positivo en el ambiente, ya que su capacidad para fijar nitrógeno atmosférico reduce la dependencia de fertilizantes sintéticos, disminuyendo la huella de carbono y la contaminación del suelo y del agua. Esta característica favorece sistemas productivos más resistentes y menos dependientes de insumos externos, mientras que su diversidad genética fortalece la biodiversidad agroecológica y contribuye a la estabilidad frente a plagas, enfermedades y cambios climáticos.

En el plano de la seguridad alimentaria, representan una alternativa sostenible y económica para abastecer a una población mundial en crecimiento, gracias a su adaptabilidad a distintas condiciones agroclimáticas y a su capacidad de conservación sin perder calidad nutricional. Su versatilidad culinaria, tanto en el ámbito doméstico como industrial, se complementa con avances tecnológicos recientes que permiten extraer y concentrar sus proteínas en polvos funcionales, mejorando el valor nutricional, la textura y las propiedades tecnológicas de diversos alimentos, además de abrir nuevas posibilidades para el desarrollo de productos más saludables y sostenibles.

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