La investigación de Leila Guerriero sobre la inquietante ola de suicidios ocurrida en la Patagonia regresa a las librerías en una nueva edición y vuelve a demostrar su fuerza narrativa, su profundidad periodística y la vigencia de una obra que sigue interpelando a lectores de distintas generaciones.

Más de dos décadas después de su primera aparición, Los suicidas del fin del mundo regresa a las librerías en una reedición que reafirma su lugar como clásico contemporáneo del periodismo narrativo argentino. Publicado originalmente en 2005, el trabajo de Leila Guerriero se volvió con los años una referencia central del género. La recuperación por parte de Anagrama vuelve a poner en circulación una investigación que conserva vigencia y dialoga con un presente marcado por crisis económicas y tensiones sociales similares a las que rodearon aquella tragedia.

El origen del libro fue la serie de suicidios que estremeció a Las Heras, en el norte de Santa Cruz, entre 1997 y 2000. En ese período murieron al menos veintidós personas, muchos de ellos jóvenes, en un contexto de aislamiento, incertidumbre y falta de registros oficiales claros. Guerriero llegó en 2002 para reconstruir lo sucedido a partir de testimonios de familiares, vecinos y trabajadores del pueblo. Entre versiones contradictorias y rumores, también emergió el impacto de la transformación económica ligada al declive petrolero tras la privatización de YPF durante el gobierno de Carlos Menem, proceso que dejó desempleo, fragmentación social y un fuerte deterioro comunitario.

La obra no busca respuestas definitivas sino retratar una experiencia colectiva atravesada por la pérdida y el desconcierto. Con un estilo sobrio y preciso, la autora convierte el paisaje patagónico en parte del relato y construye una crónica coral basada en la escucha y el detalle. El libro consolidó a Guerriero como una figura clave del periodismo en español, tras una trayectoria en medios como La Nación, Rolling Stone y Granta. La reedición no sólo rescata un texto fundamental, sino que lo proyecta hacia una actualidad donde persisten desigualdades estructurales, recordando que detrás de los números existen historias humanas complejas que resisten explicaciones simples.

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