Al menos siete de cada diez niños en Argentina no alcanzan a cubrir la cantidad diaria recomendada de calcio en su alimentación. A esta situación se suma que más del 90% tampoco logra llegar a los niveles aconsejados de vitamina D, dos nutrientes fundamentales para el crecimiento y el desarrollo saludable durante la infancia.

Semanas atrás se presentaron en Estados Unidos nuevas guías alimentarias dirigidas a la población general, cuyo mensaje principal es priorizar el consumo de alimentos reales y reducir la presencia de productos ultraprocesados con exceso de calorías, azúcares, sodio y grasas de baja calidad nutricional. El documento fue elaborado por los Departamentos de Agricultura y de Salud y Servicios Humanos de ese país e introduce conceptos vinculados a la calidad nutricional, la densidad de nutrientes y los patrones de alimentación sostenibles a largo plazo.

Especialistas de PROFENI, un grupo de profesionales dedicado al estudio de la nutrición infantil en Argentina, analizaron la publicación para evaluar qué recomendaciones podrían aplicarse al contexto local. Si bien las guías alimentarias de cada país suelen presentarse en diferentes formatos —como pirámides, platos o gráficos— comparten criterios sobre lo que se considera un patrón alimentario saludable. Sin embargo, también reflejan diferencias marcadas según las tradiciones culturales, la disponibilidad de alimentos y las características propias de cada sociedad.

Entre los principales puntos destacados aparece la importancia de priorizar alimentos ricos en proteínas en la dieta diaria, tanto de origen animal como vegetal. Las recomendaciones también refuerzan el consumo de lácteos, sugiriendo tres porciones diarias para cubrir requerimientos de proteínas de alto valor biológico, calcio y otros micronutrientes esenciales. Este aspecto cobra especial relevancia en Argentina, donde gran parte de la población no alcanza esas cantidades y persisten déficits nutricionales, como la baja ingesta de calcio y vitamina D en niños.

El documento también resalta el papel de los alimentos fermentados en la salud intestinal, por su aporte a la diversidad de la microbiota y su relación con la prevención de enfermedades. A la vez, promueve una alimentación variada que incluya frutas, verduras y grasas de buena calidad nutricional, como las provenientes del aceite de oliva, frutos secos, semillas, pescado o palta. Desde PROFENI señalaron que estas recomendaciones invitan a revisar las pautas locales y a diseñar políticas públicas basadas en evidencia científica, siempre considerando la cultura alimentaria y las necesidades específicas de la población argentina.

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