Es un gas que no se puede ver, oler ni percibir en el gusto, lo que lo vuelve especialmente peligroso. Con la llegada de las bajas temperaturas, aumenta su presencia en los hogares, por lo que informarse sobre cómo evitarlo se convierte en la principal medida de cuidado para proteger a toda la familia.
El monóxido de carbono (CO) es un gas que se genera por la combustión incompleta de materiales como gas, leña, carbón o naftas. No puede verse, olerse ni percibirse, lo que facilita que se acumule en espacios cerrados sin que las personas lo adviertan. Según un informe citado por la Agencia Noticias Argentinas, en Argentina provoca cerca de 200 muertes y unas 40.000 intoxicaciones al año, con un aumento significativo de casos en julio de 2025 respecto de años anteriores.
La gravedad de una intoxicación depende tanto de la concentración del gas como del tiempo de exposición. Una baja cantidad durante varias horas puede resultar tan peligrosa como una alta concentración en pocos minutos. En los casos leves, los síntomas aparecen de forma gradual e incluyen dolor de cabeza, mareos y cansancio, lo que puede confundirse con una gripe. En cambio, una exposición elevada puede provocar pérdida de conocimiento sin señales previas. Por eso, los especialistas recomiendan no ignorar ningún síntoma y abandonar el lugar de inmediato ante la sospecha.
La intoxicación por CO puede prevenirse con medidas concretas. Entre las principales se destacan la revisión anual de los artefactos a gas por un gasista matriculado, la instalación de detectores de monóxido de carbono, la ventilación diaria de los ambientes y evitar el uso de hornos o hornallas para calefaccionar. También es clave asegurarse de que los calefones o termotanques no estén en espacios cerrados y no encender motores en ambientes sin ventilación. Estas precauciones resultan fundamentales antes y durante el invierno para reducir riesgos y proteger a toda la familia.






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