La tapa de Jessico no fue un detalle menor dentro del impacto que tuvo el disco en la escena argentina. El álbum marcó un quiebre en la carrera de Babasónicos al apostar por una estética más accesible y provocadora. Esa misma lógica se trasladó a su identidad visual, que acompañó el cambio artístico.

El diseño buscó sintetizar el espíritu del momento con una imagen moderna y disruptiva. La banda dejó atrás su etapa más experimental para abrazar un perfil más pop, algo que también se reflejó en su portada. Esa coherencia entre sonido e imagen fue clave para su posicionamiento.

Con el paso del tiempo, la tapa se volvió icónica dentro del rock nacional. El disco no solo redefinió el sonido del grupo, sino también su forma de mostrarse. Hoy es recordado como una obra integral que cambió la música argentina

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