La alteración de la percepción de los colores alcanza al 8% de los hombres y al 0,5% de las mujeres, pero el país no cuenta con un programa nacional de detección temprana ni con estadísticas oficiales. Especialistas advierten que identificarla durante los primeros años escolares puede evitar dificultades de aprendizaje, frustración y problemas de autoestima.
El daltonismo representa una condición frecuente, especialmente entre los varones, pero en Argentina todavía existe un vacío en materia de detección y prevención durante la infancia. Según los parámetros epidemiológicos internacionales, las alteraciones cromáticas congénitas afectan aproximadamente a uno de cada 12 hombres, equivalente al 8%, y a una de cada 200 mujeres, cerca del 0,5%. Sin embargo, el país no dispone de un programa nacional de screening infantil ni de un registro epidemiológico oficial que permita conocer con precisión su alcance.
La condición está presente desde el nacimiento y suele hacerse evidente durante la etapa de alfabetización, entre los 5 y los 7 años. Confundir colores al pintar, tener dificultades para distinguir determinadas prendas o interpretar correctamente algunas señales pueden ser indicios de daltonismo. Los especialistas advierten que, cuando no existe un diagnóstico temprano, el uso de materiales educativos basados exclusivamente en colores puede generar obstáculos innecesarios y llevar a que un niño sea considerado distraído o tenga dificultades de aprendizaje, con consecuencias sobre su frustración y autoestima. Para evitarlo, recomiendan acompañar los colores con palabras, números, símbolos, formas o patrones.
El impacto de esta alteración también puede extenderse a la vida cotidiana, la seguridad vial y determinadas actividades laborales en las que distinguir colores resulta fundamental. En cuanto a los tratamientos, los especialistas remarcan que actualmente no existe una cura definitiva para el daltonismo congénito. Los anteojos con filtros especiales pueden ayudar a algunos usuarios a diferenciar determinados tonos mientras los utilizan, pero no corrigen la causa genética. En casos de alteraciones adquiridas, tratar la enfermedad que afecta al nervio óptico o la retina puede mejorar la percepción visual. Por eso, la detección temprana y la adaptación de los recursos educativos continúan siendo herramientas centrales para evitar barreras durante la etapa escolar.







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