Frente a situaciones de violencia y malestar emocional, especialistas subrayan la necesidad de prestar atención a ciertas señales que muchas veces se encuentran naturalizadas o pasan desapercibidas. Advierten que minimizar estos indicios puede retrasar la intervención oportuna y agravar el cuadro, por lo que resulta fundamental reconocerlos a tiempo, validarlos y promover espacios de escucha y acompañamiento adecuados.
En las últimas semanas, la salud mental adolescente volvió a ocupar un lugar destacado en el debate público a raíz de diversos episodios que generaron preocupación. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, uno de cada siete jóvenes entre 10 y 19 años atraviesa algún trastorno mental, siendo la depresión una de las principales problemáticas. A nivel local, informes recientes advierten sobre una situación alarmante, con más de una internación diaria de niños y adolescentes por riesgo suicida en la Ciudad de Buenos Aires, donde la gran mayoría de los casos corresponde a jóvenes.
Al mismo tiempo, desde el Hospital de Clínicas se observa un aumento significativo en las consultas por problemas de salud mental en adolescentes, con un crecimiento cercano al 30% en el último año. Especialistas señalan que este contexto está atravesado por una mayor presencia de situaciones de violencia y una creciente demanda de atención. En este marco, advierten que uno de los errores más comunes es no reconocer a tiempo las señales de riesgo, ya que muchas conductas suelen ser minimizadas o interpretadas como propias de la edad, lo que retrasa la intervención adecuada.
Entre los signos de alerta se incluyen cambios en el rendimiento escolar, alteraciones en el sueño, irritabilidad, ansiedad persistente, aislamiento social, dificultades en los vínculos y un uso excesivo de dispositivos digitales. Frente a esto, los especialistas destacan la importancia de que las familias fomenten espacios de diálogo, escucha activa y contención, evitando desestimar el malestar de los adolescentes. También subrayan la necesidad de consultar a profesionales ante cualquier señal preocupante, remarcando que pedir ayuda a tiempo es clave para prevenir situaciones más graves y mejorar la calidad de vida de los jóvenes.






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