Investigadores de Harvard desarrollaron un sistema capaz de calcular la edad biológica a partir de datos moleculares. El método analiza la actividad genética y su relación con el desgaste del organismo. Este enfoque permite una medición más precisa que la edad basada en años.

El modelo fue probado en diferentes especies, donde se observaron patrones similares de envejecimiento. Esto refuerza la idea de que existen procesos universales en el deterioro celular. Además, permite comparar cómo evolucionan distintos organismos.

El hallazgo podría transformar la manera en que se estudian enfermedades y longevidad. También abre la puerta a monitorear el impacto de terapias y hábitos. Los científicos destacan su potencial para futuras aplicaciones en salud.

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